Deepfake, las malas artes de la mano de la Inteligencia Artificial

Si hablamos de Deepfake, es probable que a más de uno se le venga a la cabeza el fantástico vídeo del «Equipo E» que arrasó tras las últimas elecciones. Una bonita perla que, desgraciadamente, escasea entre los frutos que ha posibilitado esta tecnología. Gracias a la Inteligencia Artificial colocar digitalmente el rostro de una persona en el cuerpo de otra se ha convertido en casi un juego de niños. ¿Estamos preparados para afrontar los peligros que esto comporta?

Deepfake, ‘hijo bastardo’ de la Inteligencia Artificial

Como explican en ComputerHoy, el término Deepfake nace como fruto de la unión de DeepLearning y fake (falso). Si nos mantenemos estrictos, solo podemos valorar el invento como un avance, ya que echa mano de las tecnologías de Inteligencia Artificial para facilitarnos el trabajo. Hace pocos años, el proceso de sustitución digital de una cara era un proceso arduo y poco agradecido. Hoy, hablamos de una ‘diversión’ que cualquiera puede llevar a cabo desde el anonimato de su hogar.

Sin embargo, como ya ha sucedido con otros avances tecnológicos, las malas intenciones no han tardado en echar mano del Deepfake. Vídeos de alta carga erótica, discursos extremistas en boca de otros y alguna escasa (y personalmente inofensiva) creación humorística como el vídeo mencionado al inicio de este artículo.

Dado el historial que tenemos con las fake news y la desinformación, el debate entre la sociedad tecnológica y la política ya ha saltado a la primera plana. Instituciones gubernamentales e importantes empresas tecnológicas se han puesto manos a la obra para evitar que el deepfake pueda influir en eventos futuros como las elecciones.

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Leyes para controlar el Deepfake

Desde el gobierno de EEUU ya se ha puesto en marcha la conocida como Accountability Act, una ley que obliga a los creadores de este tipo de contenido a incorporar una marca de agua. De este modo, todas sus creaciones llevarán su ‘firma personal’ incorporada y existirá una responsabilidad legal asociada al contenido. Esto, en principio, evitaría la difusión de contenido ilegal (vídeos porno con caras de personas famosas, manipulación de discursos de políticos, …).

Deepfake Facebook
El CEO de Facebook también ha sido víctima del Deepfake

No obstante, hay que reconocer que el uso de las marcas de agua parece ser una medida algo débil. Seguramente, quienes crean contenido sin malas intenciones y buscando entretener sin ofender, acatarán el uso de la marca de agua y serán respetuosos con las normas. Eso no quita que, quienes alberguen malas intenciones o la idea de confundir a la opinión pública puedan robar ese contenido y manipularlo a su antojo. Y es que, eliminar la marca de agua de un contenido digital, tampoco requiere conocimientos de la NASA.

¿Prohibición total sin miramientos?

Hay quien defiende el enfoque propuesto por China, que no es otro que la prohibición total del Deepfake. Sin embargo, esta no parece ser la solución más eficaz, ya que quienes están habituados a las prácticas ilegales, van a seguir abonados a ellas. El objetivo debe ser lograr erradicar de raíz la creación de este tipo de formato con malas intenciones, pues unas pocas horas de existencia en la Red pueden bastar para dañar la imagen pública de un político o famoso.

De hecho, las bondades de esta tecnología pueden permitir avances brutales en el campo del entretenimiento y la creación audiovisual, por lo que una prohibición total no parece una gran solución. Quizás, la verdadera solución al problema de las fake news y las tecnologías que las potencian, resida simplemente en el espectador y su educación.

Una idea simple, pero a su vez bastante complicada. Los internautas hemos sido sometidos durante mucho tiempo a las técnicas del clickbait, a esa cultura de la inmediatez y a querer saber más que nadie, antes que nadie. Ser capaces de encontrar una noticia o creación audiovisual y pararse a preguntarse quién es la fuente, cómo de fiable puede ser y si debemos compartir la información sin miramientos, no será algo que se logre de manera sencilla.  

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